archivo

Archivos Mensuales: diciembre 2011

Navidad. Día de turrones, polvorones, cava, regalos y… NBA. Sin duda, la mejor liga de baloncesto del planeta es todo un acontecimiento temporada tras temporada. Nuevas franquicias, traspasos, fichajes. Un circo deportivo que traspasa fronteras. La incorporación de jugadores españoles en este show business ha producido un interés creciente en nuestro país sobre qué sucede en las canchas estadounidenses.

Pero no sólo eso. Este año, como la mayoría sabrán, se ha producido el famoso lockout. Un cierre patronal que, al margen de poner en peligro el inicio de la liga, ha provocado multitud de noticias, debates, entrevistas y comentarios en los grandes medios generalistas y especializados en deporte.

Reuniones maratonianas durante varios días. Historias de desamor con final feliz. La negativa constante que se producía al final de cada encuentro hacía temer lo peor. Gasols, Rubio, Calderón, Rudy e Ibaka lo observaban desde la distancia, con ganas de volver a pisar parquet con sus respectivos equipos.

Mientras, los rumores y dudas sobre el desenlace se han unido al espectáculo, creando una película de suspense que ha ido sumando público semana tras semana. Intencionado o no, los directivos de la NBA han metido un triple en el último segundo. Si no, que se lo pregunten a las audiencias. Por favor, hablad de mi blog también, aunque sea para mal 😉

Feliz 2012 para todos y todas!

Anuncios

Lágrimas, sollozos, gritos de desesperación. La muerte, esta pasada semana, del líder norcoreano Kim Jong-Il ha desencadenado una serie de reacciones internas difíciles de comprender desde nuestra posición. Como si de un familiar directo se tratara, el óbito del “Querido Líder” derramó el bote de la tristeza entre el pueblo de uno de los países más impenetrables y oscuros de nuestros días.

Pero no quiero “gastar” más líneas escribiendo lo que, de bien seguro, ya habréis visto estos días por la TV. Lo que quiero es reflexionar sobre el papel de la propaganda en este suceso. ¿Acaso cabe pensar que todos los norcoreanos lloraron la muerte de Jong-Il como si fuera la de su padre? La maquinaria propagandística se encargó de transmitir la imagen de que así era. La unidad del llanto se convirtió en un elemento más de cohesión contra cualquier intento de democratización.

En momentos como éste, es importante actuar con la cabeza fría. Quizá por eso, aunque la muerte se produjo el sábado, no se informó hasta el lunes. Dos días para prepararlo todo, pensar el mensaje y difundirlo con precisión de alquimista.

No está de más, tampoco, utilizar la ambigüedad. Morir “por agotamiento físico y mental” no parece ser una causa demasiado clara y precisa. Cuanto menos se sepa, mejor. El objetivo es transmitir la idea que Jong-Il murió por y para el país. No hace falta dar más pistas.

Una vez dada a conocer la noticia, será bueno acompañarla con las citadas imágenes de dolor y dudosa credibilidad. Uno para todos y todos para uno. No hay fisuras en el régimen norcoreano. Y las que hay, por supuesto, no se enseñan.

Ya para cerrar el círculo propagandístico, queda el capítulo de la transición. Poco se sabe del heredero Kim Jong-Un, ni tan siquiera su edad. Seguro que ya habrá quien se encargue de enaltecer la figura del futuro dictador, de ponerle medallas y mantener bien cerrada la tapa que mantiene el hermetismo.

Mientras todo esto pasa, desde fuera sólo queda sorprendernos de cómo, en un planeta global, sigue teniendo tanta fuerza la propaganda de guerra. Señores, abran las ventanas, que huele a cerrado.

¿Cómo se construye la imagen de una compañía? Es una pregunta que no tiene respuesta fácil, pero que, mejor o peor, podemos intentar resolver.

Pero vayamos un poco más allá. Demos la vuelta a la tortilla. Qué pasa si, en lugar de la imagen, pensamos en un término aún más complejo: “reputación”. Y es que, más que construirse, la reputación se consigue (o no). Te la tienes que ganar.

Los estrategas de marketing y comunicación dedican horas y esfuerzos en proyectar una imagen positiva de su empresa al exterior. Una imagen que, si todo va como se pretende, acabará haciendo mella en el subconsciente de ciudadanos. Será entonces cuando habremos conseguido algo que va más allá de un flash, que traspasa la temporalidad. Conseguiremos “valor”. Dicho de otro modo, la reputación no puede trasladarse a golpe de talonario pero, una vez conseguida, vale mucho más que cualquier tangible. Tener una opinión pública positiva es lo máximo a lo que puede aspirar una compañía.

La reputación empresarial no entiende de campañas publicitarias, de resultados rápidos, de target, de impactos… La reputación es la historia, la suma de años de trabajo, de acciones corporativas. Intangibles que sedimentan en nuestros cerebros creando nuestra percepción sobre una empresa o institución.

Vistas las diferencias, cabe destacar también la relación de estos dos conceptos básicos de la Comunicación Corporativa. El hilo que los separa es débil. Y es que cualquier acción que se haga en el sí empresarial a corto plazo puede echar a perder el trabajo, la reputación conseguida a base de tiempo… Y dinero.

Antes de acabar, quiero trasladaros un nuevo ejemplo de uso diario y cotidiano para muchos. Renfe lleva años intentando mejorar su reputación a base de campañas publicitarias. El problema puede ser precisamente éste: centrarse en mejorar la reputación como un fin a corto plazo.

Sin duda, su mejor campaña sería cumplir con sus horarios de manera estricta; evitar las constantes “anomalías” en la líneas; dar un trato de excelencia a sus usuarios; comprometerse de manera veraz y eficaz en el servicio. Quizá entonces consigan, con los años, el objetivo final. Mientras tanto, no hace falta más que mirar la etiqueta #renfe para ver que la imagen y reputación de la compañía no va precisamente a toda máquina.

Adelántate a los imprevistos. Responde antes que lleguen las preguntas. Un buen responsable de Comunicación debe estar preparado ante cualquier situación que suponga un compromiso en la empresa o institución que representa. Cualquier manual de Comunicación Corporativa nos alertará de los daños que puede conllevar no seguir esta premisa. La comunicación de crisis requiere rapidez, sinceridad, transparencia… Es importante llegar a tiempo para evitar alarmismos y echar a perder toda la reputación que, en muchos casos, ha costado muchos años de esfuerzo.

Un error en la producción, un ERE en la empresa, la mala calidad de algún producto… Son muchas las circunstancias que pueden poner contra las cuerdas a nuestra empresa. No dejemos que las especulaciones o voces mal informadas lleguen a los medios antes que nosotros. Agilicemos todos los mecanismos necesarios para explicar lo sucedido. Sin tabúes. Sin miedos. Siendo claros y procurando dar a entender nuestro grado de compromiso en tratar de solucionar la situación lo mejor y más rápido posible. Uno de los últimos casos de una marca que ha entendido la importancia de la Comunicación de Crisis es el de Sony, que se comprometió a reparar unos televisores defectuosos.

La firma nipona parece haber aprendido la lección. Comunicó la situación. No tapó nada y, viendo los resultados, parece que les ha ido bien. Y es que, en estos casos, el mejor resultado (a nivel cualitativo) es darse cuenta de lo poco que se habló del tema y de lo rápido que se esfumó el problema. A nivel cuantitativo, me atrevería a decir que las ventas a penas si lo notaron.

Y ahora, me voy a ver un rato la TV. Si, si… es una Bravia!

Ya llevo tiempo con ganas de empezar un nuevo blog dedicado a la que es mi vocación: el periodismo. En mi carrera profesional, he tenido la oportunidad de probar (casi) todos los medios existentes y no podía desaprovechar la ocasión de participar también en un blog personal. Las6ws quiere contribuir a una de las primeras lecciones que aprendí en la Facultad de Comunicación de la UAB: Who, What, Why, When, Where y hoW. El periodismo clásico se está viendo superado por multitud de canales y formas, pero no debemos perder la esencia. Es tarea nuestra, de los profesionales, comprometernos a mantener ciertos valores que jamás deberían perderse. Es célebre la frase “No dejes que la verdad te estropee un buen titular”. Ante esta sentencia, prefiero apuntar: “No dejes que una mentira estropee tu reputación”. Compromiso, valor, inquietud. Periodismo.