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Archivos Mensuales: mayo 2012

Todo empezó con dos puntos y un paréntesis. Los emoticonos 2.0 nacieron de manera natural, como una forma de reducir en dos caracteres la expresión de una emoción. Estoy contento y feliz pasó a ser : ) mientras que para mostrar  decepción y tristeza sólo hacía falta cambiar la orientación del último símbolo : (

El objetivo de este post no es el de hacer un diccionario de emoticones. Seguro que corren un montón por la red. Un guiño, un llanto, un beso… Cuando los móviles aún llevaban botones y no existía el Whatsapp, la simple lectura de dos signos de puntuación nos hacían interpretar los antiguos SMS con uno u otro estado de ánimo. Hasta ese punto llegaba la importancia de abrir o cerrar un paréntesis. Una manera de aplicar lenguaje no verbal en un mensaje a distancia. Algo que, sin duda, creo que merece un análisis más en profundidad. Quizá otro día.

Hoy, esta introducción me sirve para hablar de la nueva campaña gráfica de Coca-Cola. McCann Erickson saca provecho y partido de lo dicho hasta ahora y lo traslada a la firma de referencia en el terreno de la felicidad. Un simple encuadre del logo (y me imagino que algún retoque) nos traslada la sensación de la que la marca más famosa del mundo ha hecho bandera.

Una vez más, lo sencillo se convierte en genial. Porque llega, porque está por encima de las diferencias idiomáticas, porque consigue sacarte una sonrisa. Simplemente, porque esta nueva campaña es diferente de lo que se hace hoy en día. Tiene un punto retro. Tiene chispa.

No entiendo de Borsa. No soy analista económico, pero sólo hay que leer un poco para darse cuenta que la salida al parqué de Facebook no ha empezado de una manera demasiado brillante.

El revuelo mediático jugó un papel importante en su estreno y la compañía empezó fuerte antes de volver a su valor inicial y empezar un desplome como mínimo sensible.

Al margen de razones micro y macroeconómicas que puedan explicar esta caída en un período tan corto de tiempo, se me ocurren algunas ideas de por qué muchos accionistas han dejado de invertir en esta red social:

No me gusta comprar acciones de un servicio que ha nacido (y sólo tiene sentido) como gratuito. La publicidad es el precio que tengo que pagar.

No me gusta pensar que esas acciones responden a un precio azaroso, con casi el único activo de la propia marca. Es básico, pero no suficiente.

No me gusta invertir en Facebook si leo en varios sitios que Twitter le gana la partida.

No me gusta que Zuckerberg aproveche la salida en Borsa para casarse. ¿Con qué objetivo? ¿Para reclamar más atención? ¿Para poner un toque humano al caso? Yo no paso por el aro. Me huele a cortina de humo…

No me gusta pensar que Facebook (más que Twitter) durará hasta que salga la siguiente moda. Ya estoy preparado para “hacer amigos” de nuevo.

No me gusta leer que se ha escondido información en la salida a Borsa.

Y más cosas que no me gustan, ya no sólo como posible inversor, como el hecho de no ser capaz (siendo dueño de una plataforma que llega a todo el mundo) de convencer a grandes inversores que su producto es sólido, fiable y con futuro.

Facebook tiene las herramientas para hacerlo, las crea ella misma. Falta que sepa utilizarlas si quiere cambiar su “perfil” (imagen) de cara a sus “amigos” (inversores) antes que siga perdiendo valor en el indicativo tecnológico.

No hace tantos años atrás, las playas españolas esperaban cada verano la llegada de los turistas. El mito de las suecas se respira aún entre el olor a after-sun, aceites bronceadores, sal y arena.

Sin duda, Suecia se convirtió en un estandarte de modernidad y progreso cuando aquí se veían más bien pocos ombligos…

Han pasado unas décadas, y el país de Ikea vuelve a demostrar porque es todo un referente, y no hablo sólo a nivel económico.

Hará una semana, paseando por Barcelona observé algunos de los carteles de la campaña de verano de H&M. En ese momento ya pensé “se han pasado con el moreno”. Pues resulta que, unos días más tarde, ese comentario con mi pareja se ha elevado a la cúpula directiva de la compañía. No a través nuestro, claro, sino de la Asociación sueca contra el Cáncer.

Ante la queja de sus compatriotas, la empresa de moda ya ha expresado sus disculpas. A eso me refería con lo de “referente”. Su departamento de Marketing y Comunicación ha visto la necesidad de salir al paso de las críticas de una manera rápida. Sinceramente, dudo que retiren una campaña que habrá sido mucho más cara que toda una colección de sus tiendas, pero su respuesta ha sido suficiente para frenar una posible avalancha de quejas solicitando explicaciones.

Si. H&M entiende que la viralidad de las redes puede jugar tanto a favor como en contra. Así, con su actuación, le pueden dar la vuelta a la tortilla, igual que, cuando se te quema la espalda, lo mejor es ponerse de cara.

“No soy borde. Simplemente hago mi trabajo”. Así respondía Fernando Alonso a la insistencia de un aficionado por conseguir su autógrafo después de una sesión de entrenamiento. Yo no estaba allí, pero la anécdota me llegó a través de los medios. Intencionada o no, la publicación de ciertas reacciones del piloto lo han convertido, en muchos casos, en una persona fría y distante; de trato poco agradable. No lo conozco, pero ésta es la imagen que se ha forjado a través de la mayoría de la prensa.
Tiene razón Alonso cuando aclara que su trabajo es pilotar y no poner su estampa, pero opino que un gesto más simpático y accesible lo harán, si cabe, más popular.
En este sentido, el asturiano ha empezado hace 1 mes su labor en Twitter, donde quiere mostrarse más cercano a los aficionados. Alonso habla así sin la intermediación de los medios, de quienes considera que ofrecen una imagen suya alejada de la realidad.
Abierta la cuenta, el bicampeón mundial de F1 tiene, ahora si, otra tarea más al margen de llevar el volante de su Ferrari. Seguir generando una buena imagen no es tarea fácil. De momento, @alo_oficial cuenta ya con casi 500 mil followers dispuestos a seguir la carrera profesional, pero también personal, de Alonso. Ésa es la clave en este intento de sanear su proyección internacional. Tener detalles, conceder entrevistas o preguntas, organizar sorteos… En definitiva, hacer un seguimiento periódico y real de su cuenta será básico si quiere conseguir su objetivo. Yo estoy dispuesto a darle una oportunidad, pero será trabajo suyo hacerme creer que detrás del piloto hay un buen tio.

Antes de empezar, hola de nuevo (después de un mes de parón…).

Muchas cosas han pasado estos días, pero recientemente una me ha llamado en especial la atención.

Se trata de una nueva campaña de Mediaset en la que vuelve a ponerse al lado de las marcas españolas. Un nuevo acto de propaganda que me vuelve a producir el mismo asombro que la anterior (que ya comenté). Si, dije propaganda. ¿“Marca España”? Me parece lícito resaltar la importancia de determinadas empresas españolas en el ámbito nacional e internacional, pero de ahí a hablar de la “marca España”… Por favor, dejemos de engañarnos. Una marca sólo es fuerte si su imagen es fuerte. Si su identidad y sus valores le han permitido recibir el aplauso del gran público. No me parece que España haya hecho bien los deberes, en este sentido.

No entiendo una campaña propagandística de esta índole. ¿Cuál es el objetivo? Hacernos creer que la imagen internacional de España es positiva es tan veraz como el color de la piel de Michael Jackson. Sólo hay que rascar un poco para darnos cuenta que la realidad es mucho más negra.

La marca España es una falacia. Un ser que no está. Hablen de marcas españolas, de casos de éxito, de apuestas que han salido bien; pero no de una pseudorealidad que tan sólo aprobaran quienes no ven más allá de un Mundial o una Eurocopa.

En España, sólo algunos aplican el “trabajar, innovar, competir”. Se me ocurren muchos otros verbos que aquí practicamos mejor, pero no voy a generalizar por que algunos si merecen mi respeto. Que dejen de ahogarnos y que dejen a las empresas, que no a España, trabajar para salir de ésta a ritmo de un buen coche alemán, como el que curiosamente precede el vídeo de la campaña.